La melatonina, una hormona natural producida principalmente por la glándula pineal, es la principal reguladora de los ciclos de sueño y vigilia. Su acción sigue un ritmo circadiano: su producción se incrementa durante la noche y disminuye con la exposición a la luz.
Descubierta en 1958 al ser aislada de la glándula pineal bovina, la melatonina es la principal hormona secretada por esta glándula, aunque también se ha identificado su presencia en otras partes del cuerpo, como la retina, el cerebelo, la médula ósea, las plaquetas, la piel, los linfocitos y el tracto gastrointestinal. En este último, se ha observado que las células enterocromafines son capaces de sintetizar y liberar melatonina, un proceso que parece estar influenciado por la ingesta de alimentos, especialmente por la presencia de triptófano, un aminoácido esencial en su síntesis (Tordjman et al., 2017).
Existen dos tipos de melatonina en complementos alimenticios:
▪️Melatonina de liberación inmediata: se absorbe rápidamente en el organismo, alcanzando su concentración máxima entre 20 y 120 minutos después de la ingesta. Sin embargo, debido a su corta vida media (40-50 minutos), su efecto se disipa con rapidez, lo que impide un suministro continuo durante toda la noche.
▪️Melatonina de liberación prolongada: para prolongar su acción, algunas fórmulas incluyen este tipo de melatonina para mantener niveles estables a lo largo de la noche. No obstante, no resulta eficaz para quienes tienen dificultades para iniciar el sueño, ya que su absorción es más gradual.